Creo que es un juego que puedes completar sin machacarte mucho en unas 40-50h. Habiendo empezado así la reseña, prosigo: esta es la vuelta a la fantasía en Final Fantasy. Al menos, dentro de los numerados, ya que desde el X hemos tenido un XI raruno y apenas jugable para un gran sector fanático de la saga, un XII que a pesar de fantástico no abrazaba cierto lado medieval implícito de los originales, el XIII y sus derivados que nada que ver tienen con lo añejo en temática de los OG's (again), el XIV que sí se acerca mucho más pero es una experiencia MMORPG que no es para todos y, por supuesto, el despiezado Final Fantasy XV. Todo empieza (y termina, claro) con Clive Rosfield: la mayor baza del juego. Con diferencia su mejor personaje, al menos, en desarrollo. Y tiene matices porque realmente Clive parece todo el tiempo el mismo, pero no lo es, porque su moral siempre está en el mismo lugar pero no su manera de ver el mundo, la desidia de este, y su corrupción. Abandona pronto la desesperanza de haber perdido practicamente todo, le dan una vida, le devuelven a sus seres queridos y acabará sacrificándose hasta límites insospechados por el bien ajeno. Un arquetipo de personaje para nada nuevo, pero que manejan con soberana escritura. Nada que olvidar de sus secundarios, donde está el resto del buen sabor del pastel. Personajes como Cid, que es de los más carismáticos de la saga (si no el que más), Joshua, Dion (que es particularmente mi personaje favorito), y otros terciarios que también rezuman cariño e interés dentro de la guarida a la que retornaremos prácticamente después de cada misión. ¡Si hasta el perro tiene más carisma que muchos protagonistas de otras sagas! No quiero olvidar mencionar otro punto álgido: los villanos. Diría que prácticamente todos son interesantes, aunque para no destripar mucho, diré que Garuda, Titán, Bahamut y Odín son la panacea, tanto visual como a nivel meramente lectivo. Por desgracia eso me lleva a apuntar a sus dos puntos más cuestionables: el villano final y el gameplay. El villano final, que nos presentan pronto como Artema, es poco más que un cliché. Visualmente imponente y con un plan que "no está mal", no tiene apenas relevancia como personaje en sí mismo, y apenas lo recordarás más que a otros villanos una vez finalices la aventura. El otro punto que menciono es el gameplay. Aquí es simplemente cuestionable y ya, ya que no es un mal gameplay, simplemente te va a recordar más a un Devil May Cry que a un Final Fantasy al uso. Cuestión de gustos supongo, ya que a mí no me desmotiva el cambio de gameplay, pero acaba haciendo los combates casuales muy, muy aburridos y similares. Dónde brilla LOCAMENTE es con los bosses y algunas cacerías, ya que las sinergias entre eikons pueden ser sumamente divertidas de descubrir. Recomiendo encarecidamente este juego, me dejó un tremendo sabor de boca, y le cogí un profundo cariño a sus personajes principales. Espero más de esta fantasía final en las próximas que vengan!
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