Death Stranding 2: On the Beach es mejor videojuego, pero a la vez peor secuela. Ya conocemos qué es Death Stranding y lo que significó, los dooms, las playas y la lógica del universo de Kojima. Ese primer impacto de lo desconocido ya no existe, y lo que antes se sentía revolucionario ahora lo percibo más como un refinamiento. Como jugadores también hemos evolucionado, y mecánicas que parecían desafiantes ahora resultan más accesibles, en parte por esa experiencia acumulada, pero también por un diseño más simplificado. Aun así, el juego mejora en aspectos clave como el ritmo, la variedad de situaciones, la profundidad de sus personajes y en su puesta en escena. Aunque todo está a una calidad difícil de igualar, para mí lo más importante es el mensaje que nos queda al ver los créditos finales: conectar entre nosotros, amar, superar la pérdida y seguir adelante.
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